La antigua parroquia mudéjar de San Pedro fue derribada en 1780, cuando se inician las obras de construcción actual templo levantado sobre el solar  del anterior,  en estilo de transición barroco-neoclásico y con la participación de los arquitectos Antonio Matías de Figueroa, Antonio y José Caballero. y José Chamorro[1]. Con su desaparición no hay posibilidad de hacer un análisis detallado de su estructura arquitectónica, pero disponemos de documentos que nos informan sobre detalles particulares que nos pueden acercar para determinar su estilo, estructura y fecha de construcción.

 

   El elemento más significativo era quizás su torre-fachada, que gozó de amplia difusión duran­te la Baja Edad Media y el Renacimiento en la Sierra Norte de Sevilla, nada extraño si tenemos en cuenta que la Parroquia de Peñaflor pertenece a la Vicaría de Constantina dentro de la división  del Arzobispado de Sevilla[2]. Esta torre-fachada  está descrita en un informe de obras de septiembre de 1755 por el maestro de obras Tomas José Zambrano de esta manera:

 

   "... reconozco la dicha torre que se compone de veinticinco baras de alto y su figura es cuadrilonga de siete baras de ancho y tres de gruesa, labrada toda de sillares de cantera la que al presente está amenazando próxima ruina por causa de haberla labrado sobre pie viejo y entrada de la puerta principal de dicha Iglesia, por la que está partida con distintas quiebras que penetran por todo su pie y hueco de dicha puerta hasta seis baras de altura que tiene la obra anti­gua que con la crecida gravedad de peso, no puede, por lo que precisa ponerle pronto remedio para evitar los graves daños que causará su ruina a la Iglesia y al vecindario[3]

 

   El siguiente informe sobre la primitiva parroquia de San Pedro está fechado el 7 de enero de 1705 y fue elaborado por Joaquín de Ussún y Soria con motivo de la Visita Pastoral realizada a la localidad por las autoridades eclesiásticas en esa fecha[4]. El templo aparece compuesto por tres naves, «pequeñas y muy bajas», cubiertas con techumbres de madera, excepto en la capilla mayor, que se cubre con una media naranja realizada a base de cantería y decorada con yeserías muy toscas. Los muros del edificio se componían «de cantería en los cimientos y mitad de paredes, siendo de allí arriba de tapia pura». La torre campanario, «muy buena y de mucha altura, muy curiosa y firme» estaba también ejecutada en sillares de piedra y rematada por una linterna con chapitel. La sacristía era de poca altura y capacidad, ingresándose en ella por una puerta «suma­mente baja y estrecha».

 

   El tercer informe data del 15 de enero de 1709, elaborado por Jerónimo de Torres también con motivo de otra Visita Pastoral a la localidad[5]. Mucho más escueto que el anterior, señala que la iglesia, «aunque no es grande, es más que mediana», separándose sus tres naves por medio de pilares de «mármoles blancos». La sacristía de nueva ejecución, tenía en el piso superior locales para guar­dar las piezas de plata, bienes y archivo de la parroquia.

 

   Antonio Matías de Figueroa levantó los planos de la antigua iglesia señalando en ellos el perímetro de la nueva construcción. Con fecha del 15 de febrero de 1780 dichos planos fueron remitidos al cabildo eclesiástico para su aprobación.[6] En estos planos se observa que la iglesia es de planta rectangular con orientación ese-oeste y tres naves, la central de doble anchura que las laterales, sin crucero y triple ábside en la cabecera; el ábside central poligonal de cinco tramos, los laterales planos. En el plano el ábside izdo se transformó en sacristía en obras posteriores a su construcción.

 



[1] Sancho Corbacho, A. “Arquitectura barroca sevillana del siglo XVIII. Madrid 1984. Págs. 218-221.

[2] Laredo González. “Diezmo eclesiástico y producción de cereales en el reino de Sevilla. (1408-1503). Sevilla 1979. Págs. 10-15.  Candau Chacón, M.L. “Iglesia y sociedad en la campiña sevillana; la vicaría de écija /1697-1723). Srvilla 1986. Págs. 54-60.

[3] Archivo General del Arzobispado de Sevilla. C.2. Leg. 458. Calvo Ruiberriz de Torres, R. “IGLESIA DE SAN PEDRO APOSTOL I. Origen histórico de la Iglesia de San Pedro Apóstol.” Almenara, nº 7. 1997, pág. 3.

[4] Archivo General del Arzobispado de Sevilla, sección IV (Admon. Gral., serie  Visitas, libro 1345 (1705), fol. Sin numerar. Hernández González, S. “La primitiva Parroquia de San Pedro Apóstol”. Peñaflor, Feria y Fiestas 1988, pág. 20.

[5] Archivo General del Arzobispado de Sevilla. sección IV (Admon. Gral., serie  Visitas, libro 1348 (1709), fol. Sin numerar. Hernández González, S. “La primitiva Parroquia de San Pedro Apóstol”. Peñaflor, Feria y Fiestas 1988, pág. 20.

[6] Archivo de la Catedral de Sevilla. Expediente de Obras de la Iglesia de Peñaflor. Calvo Ruiberriz de Torre, R. “Iglesia de San Pedro apóstol I. Origen histórico”. Almenara nº 7. 1997, págs. 5-6.

   A través de estas descripciones podemos aproximarnos al perfil de la primitiva parroquia, y a través de análisis y conclusiones precisar sobre el estilo y cronología del desaparecido edificio:

 

1) Los muros del edificio se componían «de cantería en los cimientos y mitad de paredes, siendo de allí arriba de tapia pura» a excepción del ábside que era de cantería. Este tipo constructivo se aleja de las características generales de las obras bajo-medievales y posteriores, donde el aparejo en ladrillo o la piedra es lo habitual en las iglesias del Arzobispado de Sevilla. La solución del recrecimiento en tapial sobre la mitad del muro en piedra (probablemente reutilizadas del yacimiento arqueológico de Celti) obliga a pensar en la utilización de un edificio preexistente de época anterior, musulmán o visigodo, sobre el que se erigió la nueva parroquia[1]. A ello podría estar haciendo referencia Tomas José Zambrano cuando al hablar de la obra de la torre dice que su construcción se realizó sobre “pie viejo” y que “la obra antigua” tenía seis varas de alta (unos 5 ms. de altura).

 

2) El templo aparece compuesto por tres naves pequeñas y bajas, y el sistema de cubiertas de las naves a base de techumbres de madera, características propias de las construcciones de la Edad Media y de la tradición mudéjar en el Valle del Guadalquivir. La planta basilical y la orientación de las naves este-oeste implica su construcción para un edificio cristiano (altar orientado hacia Jerusalén), ya que de tratarse de una mezquita las naves estarían orientadas hacia el muro de la quibla que tendría su disposición hacia la Meca.

 

3) El triple ábside en la cabecera realizado en piedra, con el central poligonal de cinco tramos y los laterales planos, aporta datos de interés para su datación estilística. Esta tipología responde al “tipo parroquial sevillano” que se desarrolla entre los siglos XIII y XVI, descrito por Angulo Iñiguez[2] como templo de tres naves con pilares de sección rectangular, presbiterio ochavado con bóveda gótica de cantería, naves laterales terminadas en plano, fachada de los pies con tres grandes y portadas de cantería intensamente abocinadas de numerosos baquetones, pobrísima decoración animada y cornisa horizontal de canes. La falta de descripción sobre las puertas y la construcción posterior de la torre en la fachada de los pies, nos impide tener detalles estilísticos que hubiesen podido ayudar a determinar cronológicamente esta obra, pero anterior a la obra de la torre-fachada que se generaliza entre los siglos XV y XVI.

 

4) El informe de Jerónimo de Torres en 1709 es revelador cuando nos informa que las naves estaban separadas por pilares de mármol: “...separándose sus tres naves por medio de «pilares de mármoles blancos»...”. Aunque en un principio induce a confusión la identificación de un pilar en mármol y a pensar que se trataría más bien de columnas,  con la determinación de la existencia de un edificio anterior a la conquista cristiana cabe pensar en la reutilización de elementos clásicos como soporte de las arcadas, típico de las construcciones visigodas y en los inicios de la musulmana. Y efectivamente en los cuatro ángulos de la nueva iglesia parroquial, en la esquina sureste de la casa de la cultura, y en la suroeste del antiguo cementerio posterior a la iglesia (Patinillo)[3] aparecen estos elementos clásicos colocados en la misma época tras la construcción de la nueva iglesia parroquial, y en edificios relacionados con esta obra (Iglesia parroquial, cementerio trasero a la iglesia, Casas Consistoriales junto a la parroquia) que podrían provenir del derribo de la anterior iglesia. Si analizamos estos elementos encontramos seis composiciones de distinto grosor y altura, dos de ellos cuadrangulares, que pueden corresponder a los seis pilares presentes en el plano de Antonio Matías de Figueroa y descritos por Jerónimo de Torres como pilares de mármol:

 

- Esquina sureste de la Iglesia. Basa compuesta por cinco toros decrecientes separados por listeles, se encuentra tallada encima de un gran basamento rectangular de 75 x 48 cms. que le confiere gran monumentalidad. Sobre esta basa una columna de mármol negro con canales helicoidales de 28 cms. de diámetro y 98 cms. de altura. Altura total 175 cms.

 

- Esquina noreste de la Iglesia. Base cuadrangular de mármol blanco, mide 50 x 53 x 45 cms; sobre ella bloque calizo que mide 93 x 45 x x 35. Altura total 143 cms. Probablemente esta composición estaría complementada con un tercer elemento, o el bloque calizo no correspondería originariamente a este pilar, sería puesto en el siglo XVIII tras su colocación en la esquina por rotura o pérdida del original.

 

- Esquina noroeste de la Iglesia. Base cuadrangular en mármol negro, mide 33 x 80 x 50 cms.; sobre ella fuste de columna en mármol blanco de unos 60 cms. de diámetro y 124 cms. de altura. Altura total 152 cms.

 

- Esquina suroeste de la Iglesia. Basa sobre un plinto compuesta por tres toros de­crecientes, separados entre sí por dos listeles, de 32 cms. de altura; sobre ella fuste de columna en mármol blanco de unos 60 cms. de diámetro y 120 cms de altura. Altura total 157 cms.

 

- Esquina suroeste de la Casa de Cultura. Ara funeraria de Q. Aelio Opiato[4] que mide 148 x 75 x 45,5 cms.; dos medias basas de 30 cms. de altura sirven como soporte a dicho monumento[5], por lo que la altura total es de 178 cms.

 

- Esquina sureste Patinillo (calle Cuevas), actualmente en patio Ermita Ntra. Sra. de Villadiego. Ara funeraria de Q. Fulvio Lupo[6] que mide 162 x 86 x 57 cms. La altura total es de 162 cms.

 

   Este tipo de construcción con reutilización de materiales clásicos en los soportes de los arcos son típicas del periodo visigodo y de las fases emiral y califal del periodo musulmán. Un ejemplo significativo lo tenemos en la Ermita del castillo de Almonaster la Real (Huelva), que para Angulo Iñiguez se trata de una iglesia visigoda[7], reutilizada como mezquita posteriormente.

 



[1] La utilización del tapial está documentado en Peñaflor durante el periodo musulmán en los castillos de Almenara y Peñaflor. El tapial también está documentado en lienzos anteriores a la conquista cristiana de la Iglesia de San Pedro de Córdoba.

[2] Angulo Iñiguez, D. “Arquitectura mudéjar sevillana de los siglos XIII, XIV y XV”. Sevilla, 1.983. Pág.32.

[3] En esta esquina de la calle Cuevas se encontraba situado la estela marmórea que en la actualidad se encuentra depositada en el patio de la Ermita de Villadiego. Fue trasladada en la segunda mitad del siglo XX durante la “operación pelote”.

[4] C.I.L.II, 2.329.

[5] La basa presenta dos toros, uno inferior mas grueso de mayor diámetro, y otro superior mas pequeño, entre ambos una escocía separada del toro inferior por un listel, y del superior por otro listel mas pequeño.

[6] C.I.L.II, 2.330.

[7] Angulo Iñiguez, D. “Arquitectura mudéjar sevillana de los siglos XIII, XIV y XV”. Sevilla, 1.983. Pág. 12.

 

5) A los pies se levantaba una torre fachada en cantería. Esta fórmula arquitectónica, consis­tente en que la torre descansa sobre el ingreso del templo, gozó de amplia difusión duran­te la Baja Edad Media y el Renacimiento en la vecina Sierra Norte (parroquias de Alanís, Cazalla, Constantina y San Nicolás del Puerto), siendo más raro su empleo en la Vega, aunque no faltan en ésta ejemplos cercanos como las torres de las parroquias de San Juan Bautista en Alcolea del Río y Santiago en Villanueva del Río[1]. Su construcción ocultó la puerta y fachada primitiva.

 

   De todo ello cabe pensar que la primitiva iglesia de San Pedro debió calificarse en momento muy avanzado de la Baja Edad Media, quizás ya a fines del siglo XV o principios del XVI. A este último siglo debieron pertenecer las columnas de mármol de su interior. Ya en poca barroca, el presbiterio será remodelado con el añadido de la media naranja, que con sus yeserías manifestaba el esplendor y aparatosidad del nuevo estilo.

 

   Estos informes que estamos analizando también nos dan cuenta de las obras de arte que se albergaban en el templo. Este contaba con seis altares. El mayor se describe en 1705 como «retablo de un solo cuerpo, dorado y llano de pintura en tabla muy antigua que sólo ocupa la mitad del testero del altar». El informe de 1709 señala que lo forman tres pinturas, que representaban «en medio el Glorioso Apóstol San Pedro, y al lado derecho el Señor Santiago, y al izquierdo Señor San Juan Evangelista», formando un típico retablo tríptico, no sabemos si de estilo gótico o renacentista. Recordemos que a partir de fines del siglo XV y a lo largo del siglo XVI los viejos templos mudéjares de la diócesis de Sevilla embellecen sus interiores con retablos Pictóricos surgidos de los talleres de artistas como Alejo Fernández, Pedro de Campaña o Hernando de Sturmio. En el presbiterio de la primitiva parroquia de Peñaflor, el retablo mayor produciría en los fieles que se situaban en la penumbra de las naves un efecto de gran impacto visual, determinado por la fuerza cromática de las tablas que lo componían y la riqueza decorativa de las molduras y elementos ornamentales que formaban su estructura arquitectónica. Sobre la mesa de altar estaban «al lado derecho San Restituto, al izquierdo San Críspulo, ambos mártires y patronos de este lugar, de talla y cuerpos enteros».

 

   Los demás altares carecían de retablos, estando colocadas sus imágenes en nichos abiertos en los muros, según se indica en 1705. El informe de 1709 nos cuenta que en la nave izquierda o del Evangelio se situaba, aparte de dos altares de los que no se precisa sus advocaciones, la capilla de la Inmaculada Concepción, en la que además se albergaba una escultura de un Niño Jesús, «de muy lindo primor, hecho en Sevilla a devoción de una buena mujer de este lugar, que se llama Gregoria Sánchez, que es beata». En la nave derecha o de la Epístola se ubicaban los altares del Santo Cristo de la Vera Cruz y el de Nuestra Señora del Rosario. No sabemos si este último podría identificarse con el tabernáculo encargado el 12 de junio de 1593 al escultor Blas Hernández Bello por Don Rodrigo de Quintanilla, vecino de Lora, en cumplimiento de una cláusula testamentaria de Don Alonso de Astorga y destina­do a la Cofradía de la Virgen del Rosario de Peñaflor. El tabernáculo, que iría pintado de azul con estrellas doradas, constaría de un solo cuerpo, destinado a albergar la escultura de la Virgen con el Niño en los brazos, acompañada por «cuatro serafines con sus rosarios en las manos, dorados». El 11 de agosto del mismo año, el mismo artista se comprometía de nuevo con el citado Don Rodrigo de Quintanilla para hacer unas andas y parihuelas para esta escultura mariana[2].

 

   La construcción del nuevo templo a fines del siglo XVIII debió traer consigo la renovación de su patrimonio de retablos, imágenes, etc., sustituyendo las piezas antiguas por otras más acordes con las nuevas corrientes artísticas. Por ello se hace muy difícil seguir la pista y precisar el paradero de las obras de arte que nos mencionan estos informes de 1705 y 1708. Dificultad que aumenta si tenemos en cuenta también la pérdida de buena parte del patrimonio de la parroquia de San Pedro en los sucesos de 1936, en los que desaparecieron, aparte de la escultura de la Patrona, las del Sagrado Corazón de Jesús, Niño Jesús, Inmaculada, Nuestra Señora del Carmen, San Francisco de Asís, San José, San Antonio de Padua, San Ramón Nonato y Nuestra Señora del Rosario, más las pinturas de Nuestra Señora de Guadalupe y San Francisco, que se hallaban en el retablo del Santo Cristo, y las de la Asunción y Animas[3]. De las obras mencionadas en esta relación podrían identificarse como procedentes del templo antiguo las del Niño Jesús, Inmaculada y Nuestra Señora del Rosario, esta última colocada hasta su destrucción en un retablo de fines del Siglo XVII[4] que quizás sustituyese al tabernáculo contratado en 1593 por Blas Hernández Bello



[1] Angulo Iñiguez, D. “Arquitectura mudéjar sevillana de los siglos XIII, XIV y XV”. Sevilla, 1.983. Págs.156-160.

[2] Palomero Paramo, J.M. “El retablo sevillano del Renacimiento: análisis y evolución (1560-1629).” Diputación provincial de Sevilla, 1982. Págs. 321-322.  López Hernández, C. “”Desde Jerónimo Hernández hasta Martínez Montañés”. Sevilla 1929. Pág. 49.

[2] Hernández Díaz, J.. Sancho Corbacho, A. “Edificios religiosos y objetos de culto saqueados y destruidos por los marxistas en los pueblos de la provincia de Sevilla”. Sevilla, 1937. Págs. 182-183.

[3] Hernández Díaz, J.. Sancho Corbacho, A. “Edificios religiosos y objetos de culto saqueados y destruidos por los marxistas en los pueblos de la provincia de Sevilla”. Sevilla, 1937. Págs. 182-183.

[4] Hernández Díaz, J.. Sancho Corbacho, A. “Edificios religiosos y objetos de culto saqueados y destruidos por los marxistas en los pueblos de la provincia de Sevilla”. Sevilla, 1937. Pág. 183.

Gótico tardío.

  

   La mezquita-castillo es, sin duda, el monumento emblemático y representativo de Almonaster, ha sido testigo mudo, por las diferentes fases de construcción y renovación, de los pueblos y culturas que han poblado desde antiguo la zona, teniendo como eje central este emplazamiento. La construcción le imprimió un carácter defensivo, vital para la seguridad de una población dispersa en diversos pagos y alquerías.

 

   La mezquita fue levantada sobre algunos restos arquitectónicos romanos y visigodos. De los primeros, han aparecidos la mitad inferior y superior de un capitel corintio, muy deteriorado, capitel y parte superior del fuste de una columna de orden jónico y un ara funeraria.

 

   De la época cristiana y visigoda han llegado a nosotros un fragmento de un epitafio cristiano, un dintel monolítico tallado en granito y un fragmento de altar visigótico sobre columnas, fundamentalmente. Por el carácter litúrgico de las piezas cristianas podemos pensar que hubo un lugar de culto antes de la invasión musulmana.

 

   Las mezquitas musulmanas se solían asentar sobre iglesias visigodas y estas sobre lugares paganos, lo que nos vendría a demostrar un asentamiento continuado de la zona. El edificio monumental de época romana daría paso a una iglesia cristiana, permaneciendo el carácter monacal hasta el asentamiento musulmán.

 

   Informe de obras de septiembre de 1755 por el maestro de obras Tomas José Zambrano: "... reconozco la dicha torre que se compone de veinticinco baras de alto y su figura es cuadrilonga de siete baras de ancho y tres de gruesa, labrada toda de sillares de cantera la que al presente está amenazando próxima ruina por causa de haberla labrado sobre pie viejo y entrada de la puerta principal de dicha Iglesia, por la que está partida con distintas quiebras que penetran por todo su pie y hueco de dicha puerta hasta seis baras de altura que tiene la obra anti­gua que con la crecida gravedad de peso, no puede, por lo que precisa ponerle pronto remedio para evitar los graves daños que causará su ruina a la Iglesia y al vecindario y casas que están próximas lo que puede acelerarse con un serio temporal y que habiendo consi­derado el crecido costo que tendrá el derribo y volver a labrar dicha torre y remediar todos los daños, que causare su derribo, al cuerpo de la Iglesia que llegará a ocho mil ducados, y que le parece será conveniente para evitar todo lo dicho el reparar dicha torre en la forma siguiente: macizando el hueco de la puerta principal, la que no hace falta, porque da a la Iglesia dos, una en cada nave que son de mayor uso, y se macizaría con ladrillos y mezcla de cal y arena, bien fraguada y los tend(?) delgados para su menor en jugo apretándola con yeso bien macizo contra su arco, y así mismo la parte de la capilla del bautismo se labrará dos pilares, el uno arrimado al pie de la torre y el otro al lado de mano derecha de la puerta de dicha capilla, al ancho de su puerta, levantándola hasta el alto de ella, sobre los que montará un arco a la tiranta del que tiene dicha puerta sobre el que se labra, macizo del todo su grueso del testero de dicha torre que sirva de macho o entibo el que se levantará hasta la altura del tejado de la nave guardando su tirantez y tejándolo al peso de dicha nave, y así mismo, por la parte de la otra nave que está la puerta para subir a la torre, se labrarán otros dos pilares a los lados de dicha puerta, dejándole su entrada del mismo ancho y alto que obtiene, morteándole un arco o cañón de rosca de ladrillos sobre el que se macizará y labrará otro macho o entibo, correspondien­te al que queda dicho, dejando labrada la escalera para subirá la torre, en el grueso de dicho macizo levantándolo a lo alto y tirante del tejado de dicha nave y corriendo su tejado como ha dicho. (...) y así mismo por la parte de la calle, se desbaratará el colgadizo que cubre la entrada de dicha puerta, y se labrará al pie de dicha torre un entibo (?) pie que salga a la calle dos baras, en todo su largo de la fachada de dicha torre, bien maciza que suba cuatro baras de altura y luego se irá retirándose la labor, (?) que forme, resbaladera el que se solará con ladrillo bien fraguado, con toda la pendiente que pudiera llevar, y todo lo dicho se ha de labrar con ladrillos y piedras bien macizo y fraguado con mezclas de cal y arena, con lo que quedará dicha torre asegurada y bien fortalecida[1].

 



[1] Archivo General del Arzobispado de Sevilla. C.2. Leg. 458. Calvo Ruiberriz de Torres, R. “IGLESIA DE SAN PEDRO APOSTOL I. Origen histórico de la Iglesia de San Pedro Apóstol.” Almenara, nº 7. 1997, pág. 3.

 

 

José Francisco López Muñoz

 

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